La marcha de 'la Generación Z', además de no poseer un rumbo claro y bien establecido que funja como verdadero estandarte, tiene como principales promotores y motivantes personajes de la derecha mexicana más rancia. Con consignas como "no somos de izquierda ni de derecha", "exigimos la revocación de mandato de Claudia Sheimbaum", "estamos ejerciendo nuestra libertad de expresión", se puede observar que no es un movimiento que pretenda ir más allá de las palabras. Para empezar, podemos cuestionar exactamente qué proyecto de nación proponen, el expresar descontento generalizado no va más allá de una vaguedad sin propósito. Declarar que no se es de izquierda o de derecha es el punto de inflexión a partir del cuál vamos a comenzar una crítica que de por medio involucra un concepto filosófico central para entender la gravedad la supuesta 'apolitización'. Y bueno, la tradición de revocar mandatarios del poder es ya antigua, y si esta frase que he dicho al respecto no dice mucho es porque tampoco lo dice la consigna en sí.
¿Se puede ser verdaderamente neutral? Teóricamente, las divisiones políticas tienen, cada una, una dirección específica. Si no se está a favor de una, se puede preferir otra. Sin embargo, siempre la opinión va a tender a definirse. Históricamente, el PRI usurpó los nombres de los difuntos para 'embarazar casillas' en mediados de los años 1900's y hasta bien avanzado el último cuarto de ese siglo. Todas esas personas cuya alma solo representaba un voto más tenían, para el sistema, la famosa 'neutralidad política' que esta nueva ola de individuos 'Z's' propagan. El régimen priísta, que después de ser expulsados del poder en el 2000, y luego en el 2018, se fue diluyendo hasta desembocar en la forzosa afiliación a la triada PRIAN, en donde convive con la derecha del panismo y el cascajo que resultó del PRD. Aquella nueva amalgama de la política mexicana es la responsable directa de convocar a marchas como éstas (Fox, Salinas Pliego y otros personajes deleznables la apoyaron en X, antes Twitter), cuyo público objetivo son precisamente 1) o bien jóvenes cuya ilusión y entorno les ha hecho creer que 'el verdadero cambio es posible', que sienten una seguridad plena en que, confiados en un trato apalabrado que reza que sí son apolíticos y que sí son neutrales, caen en las mismas mentiras de siempre. El señuelo tuvo que ser modificado, naturalmente (me refiero a la implementación de la bandera del anime One Piece, que ahora forma parte del nuevo argot de símbolos digitales). 2) o bien individuos que están afiliados con la oposición directa al gobierno en turno, que principalmente tienen son de derecha y ultra derecha, y cuyo estandarte es la amalgama PRIAN.
En ese sentido, lo que llama la atención no es que el PRIANISMO quiera hacer uso de su libertad de expresión para oponer resistencia a su némesis MORENA, lo que llama la atención es que haya jóvenes que ignoren las causas y las fuentes de quienes convocan movimientos como éstos y genuinamente los crean. Increíble, ¿cierto? Es el caso palpable que los hay. Pero es un fenómeno que ocurrió desde los juicios de Nurimberg, en donde se condenó a los perpetuadores del mal ocurrido en los horrores del holocausto. Allí, la mirada inquisitiva y curiosa de Hanna Arenth esperaba encontrarse a verdaderos monstruos sedientos de sangre como parte del régimen nacional-socialista alemán. Pero se encontró, más bien, con burócratas aburridos cuya noción de mal había sido atenuada hasta límites escandalosos. Aquellos jóvenes que se convencen de que movimientos como estos son buena idea poseen una consciencia tan atenuada y tan lejos de un escrutinio verídico y funcional como aquellos burócratas nazis que solo ejecutaban órdenes porque sus superiores se las dictaban. Así, el joven iluso y soñador acude ante sus líderes nazis o PRIANISTAS (son equivalentes moralmente hablando) y hacen lo que ellos les dicen (marchar, repetir consignas, etc., etc.). Recordemos que el régimen nacional socialista también se vendía como la mejor opción para el pueblo. Sólo que aquí es peor porque ni si quiera conocen a sus líderes, y creen que, como diría el dicho "la vida es un ánime" y ellos son los protagonistas de la historia.
por Octavio Cervantes
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